POLITICA
Marco Rubio y la Dolarización: Claves para la Reforma Económica en Venezuela
El Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha condicionado los ingresos petroleros de Venezuela a la adopción de una economía dolarizada, exigiendo resultados tangibles. El autor Carlos Raúl Hernández, en este análisis, detalla las modalidades de dolarización y aboga por reformas estructurales urgentes, sugiriendo una reunión con el FMI. Por otra parte, critica ciertas posturas políticas internas y subraya la necesidad de una gestión económica seria para alcanzar la normalización del país.
El Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha sido enfático al ratificar que Estados Unidos racionará los ingresos petroleros a Venezuela. Esta medida se mantendrá a menos que el país caribeño adopte una economía dolarizada, una condición que, según Rubio, requiere acciones tangibles en un plazo razonable, pues su prestigio político está en juego y necesita resultados concretos. Dolarizar, en su esencia, significa que un país adopta el dólar como su moneda principal para transacciones comerciales, protección de ahorros y fijación de precios. Existen tres modalidades principales: la absoluta, donde la nación y su Banco Central renuncian a emitir moneda; la bimonetaria o multimonetaria, que legaliza las transacciones y cuentas en dólares junto a la moneda local; y la dolarización de hecho, donde una amplia porción de operaciones se realiza informalmente en dólares para resguardar ingresos. El autor recuerda el caso del presidente boliviano Sánchez de Losada, quien logró reducir la inflación mensual en Bolivia de 8.000% a 7% en apenas ocho semanas. Por ello, se sugiere que el gobierno venezolano debería buscar el apoyo del mismo Rubio para pactar una reunión con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el fin de trazar una estrategia económica y reestructurar la deuda externa, paso crucial para la normalización del país. Por otra parte, mientras estas discusiones sobre políticas económicas de fondo se desarrollan, el panorama político interno muestra una efervescencia particular. Un grupo de aspirantes a mártires, embargados por una emoción patriótica, han anunciado su plan de salir a las calles con valentía en una marcha que, según ellos, busca asustar al imperialismo. Esta postura contrasta marcadamente con la seriedad que demandan las reformas económicas. Las declaraciones de Rubio, en este contexto, ejercen una presión innegable para implementar cambios y un programa de reformas económicas estructurales. Sin ellas, cualquier cantidad de dólares inyectada en la economía terminará diluyéndose sin un impacto real. La reforma petrolera, aunque importante, es solo un primer paso, como se ha reiterado en varias ocasiones. La operación del 3E en Venezuela, previa a la de Irán, busca amortiguar los efectos en el mercado petrolero, y en este marco se ha entronizado a Delcy Rodríguez. Esto no se debe a su estilo o dominio de idiomas, sino a la necesidad de que las gigantescas reservas petroleras estratégicas no estén bajo la custodia de quienes, en décadas, no han logrado ni siquiera cambiar un bombillo. La dolarización, per se, presenta atractivos indudables como la liquidación de la inflación, la devaluación y el déficit fiscal. Sin embargo, requiere un debate profundo para prevenir sus posibles problemas. En Hispanoamérica, tres países han dolarizado formalmente sus economías: Panamá (1904), Ecuador (2000) y El Salvador (2001). Panamá, desgajada tras la Guerra de los Mil Días y con apoyo norteamericano, vio una dolarización normal y un crecimiento hasta 1929 gracias a la construcción del canal. Ecuador y El Salvador, al dolarizar, lograron resolver problemas inflacionarios, monetarios y fiscales, aunque no impulsaron un crecimiento rápido. Otros países, como Venezuela y Argentina, se han dolarizado de manera incompleta e informal para protegerse de la inestabilidad. Los esfuerzos del gobierno venezolano por reducir las transacciones en divisas para fortalecer el bolívar han resultado infructuosos, mientras que Argentina, debido a la escasez de divisas, avanza paulatinamente en la liberalización. La inflación que se ha denominado moderna en Iberoamérica se gestó en los años 70, producto del estatismo. El colapso económico populista y estatista se materializó en las hiperinflaciones de los 80, afectando a países como Perú, Nicaragua, Argentina y Bolivia. Actualmente, los países que han formalizado un sistema multimonedas, como Chile, Uruguay, Perú, Guatemala, Costa Rica, República Dominicana y Paraguay, han mostrado resultados exitosos. Otro camino viable es la implementación de una reforma estructural acompañada de una disciplina fiscal y monetaria inflexible, bajo la tutela de un Banco Central, y un esquema de ajuste gradual del tipo de cambio para las exportaciones. No obstante, esa es una discusión para otro momento.
Con información de: Diario LaCalle
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